Carta a Karl

Carta a Karl

Monsieur Lagerfeld,

Comenzar estas líneas llamándole Karl me parece un tanto osado, a pesar de que en el universo fashion todo el mundo lo ha llamado así –y lo seguirá haciendo–, de haber escrito paginas y paginas sobre usted, haberlo tenido muy cerca en los desfiles de Chanel, en su estudio de la firma, en viajes a Asia… Escribirle estas líneas, en forma de carta, es lo único que puedo hacer tras su partida, hace escasas horas.

Se ha ido con usted un periodo de la moda, una manera de hacerla y un ser rematadamente culto que supo sacarle más que partido a la época que le tocó vivir; de lo más mediático, joven de espíritu, que se creó una especie de coraza porque supo que de ese modo, además de atraer a gente interesante, le permitiría hacer lo que le viniera en gana. Como así ha sido.

A pesar de que más de uno criticara eso de que usted era muy bueno como director artístico de firmas ya establecidas (Chanel, Chloé o Fendi), pero todo lo contrario a la hora de lanzar la suya propia, lo cierto es que en estos últimos años hemos visto cómo la marca que lleva su nombre se difunde por doquier, con tiendas y productos, rematadamente joven, como su espíritu, insisto.

Ayer hablé de usted en castellano y lengua vasca en radio (RFI en español y Euskadi Irratia), así como para una revista chilena, con dosis de pasión y argumentando sus méritos, así como recordando las decenas de veces que lo vi, a quien muchos veneraban tanto o más de cómo se venera a una estrella del rock.

Es curioso, esta misma semana también escribía un artículo para el diario El Correo sobre el 85 cumpleaños de Paco Rabanne, pensando que junto a él y Pierre Cardin ustedes eran los únicos, de entre los grandes de la moda de la segunda mitad del XX, que aún quedaban entre nosotros. Desde ayer, ya no.

Descanse ingente trabajador, junto a Mademoiselle Chanel, a quien tiene mucho que contar. Seguro que juntos sorprenden en el Más Allá con algún proyecto.

Abraham de Amézaga