El lujo y Euskadi

El lujo y Euskadi

De la Comunidad Autónoma del País Vasco se aleja el lujo. Ya es toda una realidad: Loewe ha dejado Bilbao tras 57 años. Si su primera muerte en la ciudad fue con su traslado de la plaza Moyúa, en 2013, a El Corte Inglés, la segunda y definitiva ha llegado ahora con su partida. Algo así como cuando en los años 80, tras abrir una gigantesca boutique de 600 metros cuadrados en plena Quinta Avenida de Nueva York –en los bajos de la Trump Tower–, se vieron obligados al poco tiempo a trasladarse a otra que ocupaba menos de la mitad en Madison Avenue; para luego desaparecer de la Gran Manzana a principios de los 90.

La capital vizcaina no es Nueva York, y no vamos a añadir con fanfarronería aquello de que “sino mucho más importante”. Existe una gran deficiencia que al parecer no se ve o no se quiere ver desde sus instituciones: la carencia a la hora de atraer un turismo de nivel alto, que es el que mantiene vivo este tipo de comercio. ¿No estará quizá preparada? ¿No cuenta con la suficiente infraestructura, a ese nivel, para captar a esta clientela, nacional y sobre todo internacional? Y eso que se trata de la capital económica de Euskadi y la ciudad más importante del norte de España.

Loewe no es la única firma de alta gama en dejar esa ciudad, sino la última y la única que quedaba. Antes, fueron Louis Vuitton, Gucci, La Perla, Donna Karan, Ermenegildo Zegna… Lo que ocurre aquí debería de ser objeto de estudio, porque, que yo sepa, en urbes de la talla de Bilbao, pongamos por caso Burdeos, Florencia o Stuttgart, y sin la mitad de los premios que ha recibido la capital vizcaina, esto no ocurre. Allí ni Hermès ni Vuitton ni otro grande bajaron su persiana.

Vitoria, la sede política del País Vasco, vio cómo su tienda MaxMara de la concurrida calle Eduardo Dato desaparecía –lo mismo ocurriría en la capital guipuzcoana–, así como otros de sus comercios de prestigio. Ya se comenta que de San Sebastián, la capital más cercana a Francia y a su charme, se irá también muy pronto Loewe, donde las ventas son realmente bajas. La Bella Easo, conocida en otros tiempos por sus buenas tiendas y donde la firma española abrió su boutique en los años cincuenta de la pasada centuria.

Volviendo a Bilbao, Mejor Ciudad Europea 2018, sede de los premios MTV, más de dos décadas del Guggenheim, que la puso en el mundo… y un aeropuerto internacional que cerró 2017 con la cifra récord de 4.973.712 pasajeros. ¿Y los grandes nombres se van? ¿Qué está ocurriendo para que se suspenda esa asignatura? ¿Por qué no se logra atraer a rusos, norteamericanos, chinos…, a una clientela que frecuenta otros lugares y gasta en ellos? Recordemos que este tipo de tiendas son imagen de ciudad y en ellas, como se sabe, más de un 60% de la facturación proviene de quienes nos visitan. No se trata de hacer un enclave elitista, sino aquel en el que haya todo tipo de visitantes y posibilidades. Más vale menos turistas que lleguen a Euskadi pero que inviertan más en hoteles, restaurantes y compras, que creen más riqueza. Apuesto por un turismo sostenible, de calidad.

Y, mientras, las grandes arterias de las capitales vascas, donde las cadenas de moda pronta acaparan la mayoría de los bajos de los edificios, abonando estratosféricos alquileres. El mundo y los gustos fueron cambiando, sí, pero tomando no la mejor de las direcciones. Grupos como Inditex no paran de crecer –un 9%, alcanzando los 1.366 millones de euros, en el último ejercicio–. Democratizaron la moda, sí, aunque para muchos fusilando las ideas de los grandes, a golpe de copia o eufemísticamente “inspiración”, y a toda velocidad, como va nuestra sociedad; algo, la prisa, que “nos lleva al vacío”, tal y como ha apuntado el sociólogo Baudrillard.

Luego no se quejen si en las calles prima la uniformización, y lugares con fama de buen vestir, como San Sebastián o Las Arenas, por citar solo dos ejemplos, se quedaron con el tiempo en eso, fama, porque la realidad nos devuelve una estampa descafeinada y plana, de nailon, poliamida y poliéster. No todo fue culpa nuestra: fuimos como tantos víctimas de la globalización. Para lo bueno, como para lo malo.

(Artículo publicado originalmente en El Correo y El Diario Vasco, el 19 de febrero de 2018)