Una dulce historia

Una dulce historia

Conozco a la madre antes que a la hija. Llega de Bélgica –la madre– y nos encontramos en casa de la francesa más venezolana, Patricia Beracasa, un apartamento del distrito 7 parisino decorado con un marcado gusto por el arte contemporáneo. “Tiene que conocer a mi hija y visitar su pastelería”, me aconseja la madre, arquitecta de interiores, mientras disfrutamos de una desenfadada cena en el salón de Patricia. Me pica la curiosidad, aunque como coincide con el inicio de las vacaciones, pospongo la visita para la rentrée.

La energía de la vida me trae semanas más tarde una invitación hasta mi correo electrónico, de la parte de Afsaneh Salehi, de L’Instinc C, sensible relaciones públicas que me invita a descubrir Foucade. Sí, la pastelería de Marjorie Fourcade, que es como se llama la famosa hija. El pretexto es la presentación de la bûche de Noël, esas tartas alargadas de lo más francesas, que se sirven en el periodo navideño. La ideada por Marjorie y su chef pastelero, además de bella estéticamente, es exquisita, y algo tan bueno o mejor, de lo más saludable: hecha con harinas completas sin gluten, con leches vegetales y por tanto sin lactosa, sin aditivos y con poco azúcar y sal. “Partimos de buenos ingredientes, siguiendo las recetas tradicionales, pero sin añadir ni aditivos ni azúcares en exceso”, nos dice en la presentación.

Caigo rendido ante la bûche de mandarina y pistacho; fresca, tonificante, que fotografío y por supuesto más tarde degusto. También disfruto de otra, esta de chocolate, que no le hace sombra, aunque la primera me seduce por lo frutal. Además de pastelería, Foucade es un salón de té y restaurante, con propuestas sanas y energéticas a mediodía. Estoy deseando descubrir los almuerzos en uno de los lugares que ya figura por méritos propios en mi lista de favoritos de París. Y seguramente antes de conocerlo, desde que en verano la madre de Marjorie me hablara tan bien. Sin pasión de madre, sino con el orgullo de quien trajo un ser al mundo y ve cómo se desenvuelve. Mi progenitora me dijo una vez que los hijos no son de los padres, sino “de la vida”. ¡Otra cosa que tenemos en común Marjorie y yo, además de gustarnos a ambos lo sano y de calidad!