Sorpresa gustativa

Sorpresa gustativa

El hecho de ir a un restaurante no es por fortuna algo fuera de lo común para mí. Tengo la suerte por mi trabajo y mi amor por la buena cocina, de recibir diversas invitaciones a lo largo del año. Hay lugares que uno siempre ha querido ir y que por fin descubre, como me ocurrió la pasada semana, a las afueras de París. Una sorpresa gustativa.

Fue en Eugène Eugène, un restaurante al que me habían invitado varias veces y que, a la tercera fue la vencida. Si las dos primeras no me fue posible, a la última invitación di un rotundo sí, por ser un establecimiento dirigido por una mujer Héléna Paraboschi, a quien conocí en Ibiza, en su 105 La Cantine, que dispone de suites, y que tiene otros dos restaurantes en Marrakech. Vamos, alguien que sabe recibir y proponer buen producto, como así resultó.

El hecho de que se halle en Puteaux, extrarradio de París pero adonde se puede acceder con facilidad en transporte público, y pocos minutos (alrededor de 30 minutos desde los Campos Elíseos), hace que sea una dirección elegida también por gentes que visitan la ciudad y desean conocer lugares distintos, fuera del círculo habitual o las estrellas Michelin, que a más de uno cansa. Además de por la cocina, impresiona por su arquitectura, que combina metal y vidrio.

En la brasserie Eugène Eugène, que resultó ser una sorpresa de lo más agradable para mis papillas, tuve el placer de degustar en primicia el menú de Fin de Año (110 euros por persona), con varios platos, de marisco, pescado y carne, así como la famosa bûche, esa tarta especial que cada chef prepara de cara a tan señalada fecha y que es tan importante en el país de Molière como el turrón en España.