Buena cara

Buena cara

Desde adolescente cuido mi rostro. He probado decenas de productos, de marcas a las que he sido más infiel que lo contrario, aunque sin cejar un solo día. El que una de mis tías regentara un centro de estética y masaje, me hizo descubrir bien pronto ese universo, tomando la buena costumbre de limpiar e hidratar mi cara diariamente, con el mismo hábito y rigor que cuando cepillo mis dientes.

Una vida saludable, sin tabaco, con agua entre comidas y alcohol (bueno) muy esporádico, así como exfoliaciones y mascarillas periódicas, me han permitido tener una piel en buen estado. ¡Y que dure! En ocasiones me han echado diez años menos de los que en realidad tengo. No está bien que yo lo diga, aunque permítanme que comparta esa sensación de dicha que se siente.

Clarins Men, Biotherm, Aramis, Avène, La Roche Posay, Germaine de Capuccini, Dior Homme, Chanel –fui fiel durante mucho tiempo a Hidramax–… me han ido acompañando a lo largo de los años, hasta que comencé a fijarme, hace bien poco, en otro tipo de nombres, de una difusión menor y de una calidad tanto o mayor que los mencionados.

Ahora, como en moda y complementos, me interesan los nombres nicho: la Crème 27 Bio-logique, de Cosmetic 27; el aceite regenerante Aur, de la casa Flamel; así como los productos de Homo Naturals, de la que destaco su crema de ojos y la exfoliante.

Entre mis últimas novedades, figuran la crema masculina de la línea Méthode pour Homme, de La Biosthétique, junto a los serums combinables de Apot.care –los que van con mi piel son Collagen, Hyaluronic y Dmae–, junto a una marca que descubrí recientemente, L’Apothicare de Paris, de la mano de su fundador, el Doctor Leder. (En la fotografía que ilustra este post, mi selección).