De perfumes

De perfumes

La he contado en más de una ocasión, aquella historia de que con 15 años compré mi primer perfume, Loewe pour homme, y fue además en Loewe, en la otrora tienda de Bilbao. Esa fragancia me acompañaría por varios años, siéndole puntualmente infiel con Eau d’Hermès, una colonia que años después pasaría a llamarse Eau d’Orange Verte.

Desde entonces hasta ahora ha llovido mucho, alternando ciento una fragancias de nombres como Chanel, Dior, Miyake, Bulgari, Guerlain, Jean-Paul Gaultier, Armani, Adolfo Domínguez, Etro, Acqua di Parma, Bottega Veneta, …

Si alguien me pregunta por una marca en concreto a la que soy fiel, diré que Hermès. Eau d’Orange Verte es de lo más propia para cualquier momento del día y del año, aunque si he de elegir, me quedo con Cuir d’Ange, de la gama Hermessence, de la que no me canso. Me atrae esa colección, de cuyas novedades elijo también Cèdre Sambac, que se presentarían en el desierto marroquí en diciembre pasado.

Como sabe quien me conoce bien, el universo nicho me interesa, incluido el de perfumes de este tipo. Ahora mismo, en mi cuarto de baño, reposa un frasco de Le Galion, concretamente uno de Eau Noble, que alterno con el mencionado Cuir d’Ange. No hay nada que más halague a un amante de las propuestas de nicho, eso de que alguien se le acerque y quede prendado por su fragancia, esa que solo está a la venta en contados puntos del universo.

No llego al extremo un tanto obsesivo, como le ocurría a Balzac, el gran enamorado de los perfumes, y sobre todo de los de Guerlain, aunque no oculto mi debilidad por ellos.

Bueno, les dejo, que me he ir ¡a perfumar!